EMBRIÁGUENSE

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:


“¡Es hora de embriagarse!"

Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!

De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.



Charles Baudelaire

Pero yo prefiero los resplandores de la gente

1.
"Traidor", le dije. Le mostré el recorte de un diario cubano: él aparecía vestido de pitcher, jugando béisbol. Recuerdo que se rió, nos reímos; si me contestó algo, no sé. La conversación saltaba, como una pelotita de ping-pong, de un tema al otro.
-Yo no quiero que cada cubano aspire a ser Rockefeller -me dijo. El socialismo tenía sentido si purificaba a los hombres, si los lanzaba más allá del egoísmo, si los salvaba de la compe­tencia y la codicia.
Me contó que, cuando era presidente del Banco Central, había firmado los billetes con la palabra Che, para burlarse, y me dijo que el dinero, fetiche de mierda, debía ser feo.
El Che Guevara se delataba, como todos, por los ojos. Recuerdo su mirada limpia, como recién amanecida: esa manera de mirar de los hombres que creen.

2.
Charlando, no podía uno olvidar que aquel hombre ha­bía llegado a Cuba al cabo de una peregrinación a lo lar­go de América Latina. Había estado, y no como turista, en el torbellino de la revolución boliviana y en la agonía de la revolución guatemalteca. Había cargado bananas en Centroamérica y había sacado fotos en las plazas de Méxi­co, para ganarse la vida y, para jugársela, se había lanzado a la aventura del Granma.
No era hombre de escritorio. Tenía que estallar tarde o temprano, aquella tensión de león enjaulado que era fácil de advertir cuando lo entrevisté a mediados de 1964.
Éste ha sido el insólito caso de alguien que abandona una revolución ya hecha por él y un puñado de locos, para lan­zarse a empezar otra. No vivió para el triunfo, sino para la pelea, la siempre necesaria pelea por la dignidad humana.
Candela, el chófer que me acompañó en aquella primera recorrida de Cuba, solía llamarlo Caballo. Él sólo aplicaba este supremo elogio a la cubana a tres personas: Fidel, el Che y Shakespeare.

3.
Tres años después, me quedé con la vista clavada en la primera página de los diarios. Las radiofotos mostraban el cuerpo inmóvil desde todos los ángulos. La dictadura del general Barrientos exhibía al mundo su gran trofeo.
Le miré largamente la sonrisa, a la vez irónica y tierna, y me vinieron a la cabeza frases de aquel diálogo del 64, definiciones del mundo ("La razón la tienen unos, pero las cosas las tienen otros"), de la revolución ("Cuba no se­rá nunca una vitrina de socialismo, sino un ejemplo vivo") y de sí mismo ("Yo me he equivocado mucho, pero creo que...").
Pensé: "Ha fracasado. Está muerto". Y pensé: "No fracasará nunca. No morirá jamás", y con los ojos fijos en esa cara de Jesucristo rioplatense, me vinieron ganas de felicitarlo.

Eduardo Galeano - Días y Noches de Amor y de Guerr



El creía que la vida era darse; y se dio!
(14 de junio de 1928 – 9 de octubre de 1967)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Inmortalllllllllll ¡¡¡

locuravolatil dijo...

Figura discutida!, pero hay algo que hasta la extrema derecha debe reconocer: "la firmeza y la fidelidad a sus principios".
"Si no hay café para todos no habrá café para nadie"

Alejandra dijo...

Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia de tu querida presencia Comandante Che Guevara!!!

José Luis Ayala Daza dijo...

Hombre revolucionario que lo dejó todo en Cuba para ir a Bolivia con sed de justicia social consecuente con sus principios, donde fué ejecutado por la dictadura gobernante. Que el método utilizado en Bolivia no fué el adecuado?; es posible, pero lo cierto es el ánsia de justicia social y una vida digna para todos los oprimidos y explotados de américa y el mundo.

eva dijo...

"Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira"

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